Zapatos de colores

Existen miles de direcciones que tomar, ninguno sabemos por qué finalmente escogimos una, creemos que es el destino quien nos da señales para tomarla, pero definitivamente lo usamos como excusa para justificar nuestros actos.

“Las cosas me salieron mal porque no tomé el camino correcto”, o bien, “las cosas me salieron bien porque escogí ese camino en el momento preciso”. Justificamos y nos conformamos, no buscamos más allá…

En situaciones similares cada uno actúa de una forma diferente, pero al final todos nos guiamos por las mismas pautas, necesitamos obtener un resultado, un premio.

Trabajamos duro porque queremos un puesto mejor, enamoramos a una persona porque la queremos a nuestro lado, aprendemos a cocinar porque queremos dejar de comer pizzas preparadas.

El problema de buscar un deseo es que lo queremos instantáneo, si tenemos que esperar la recompensa nos parece menos atractiva. En especial cuando la vida se nos hace frágil y rápida.

Es curioso cómo los días no tienen la misma duración a la edad de 5 años que a los 25. el tiempo pasa más deprisa dicen. No, de pequeños, nuestros días duraban más porque teníamos mil aventuras, en un día podías salvar la humanidad, dar la vuelta al mundo y haber tenido todos los trabajos posibles; ahora, cuando nos queremos dar cuenta el día toca a su fin sin haber hecho nada relevante, y digo nada porque, la mayoría de los días nos prohibimos soñar despiertos y aventurarnos en un mundo de fantasía,…¿quién decidió que  eso se tenía que perder?

Cuando somos adolescentes no vemos la hora de tener responsabilidades, hacernos adultos; cuando somos adultos sólo queremos volver a hacer pellas en el instituto. El problema es que cuando somos adultos y queremos volver al pasado no obtenemos un resultado, nos frustramos y de eso empieza a surgir la nostalgia y las historias que comienzan con la frase “ cuando yo era joven…”

Pasamos nuestras vidas llenándolas de logros de los que alardear. Creo que lo importante no es tener mil premios, sino grandes experiencias. La vida no tiene que cambiar a los 25, puede seguir siendo la misma; no hay que meterse en unos zapatos serios todos los días para obtener una imagen adulta, realmente ningún adulto quiere serlo, ojalá todos llevásemos zapatos de colores y nuestras conversaciones las llenaran sueños o incluso pudiéramos volver a jugar como de pequeños, seríamos más felices y nos entenderíamos mejor.

Somos unos animales que buscamos alimentarnos y reproducirnos, pero mientras todo eso ocurre; nuestra mente tiene la capacidad de imaginar, de pensar, de ver más allá; debería ser nuestro deber utilizarla, ya que si seguimos ablandándola, puede que nos abandone por cese de negocio y se marche a otra especie que lo sepa aprovechar mejor.

Lo natural es bueno, sigue jugando y soñando, por ello estamos aquí.

 

 

zapatos de colores

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