Atardecer sobre A Coruña

La vida se interpuso en una de sus mejores materializaciones, entonces, paré.

Lo bonito de tener algo tan personal es que no hay que pedir permiso para irte ni para volver, ¿por qué paré? La razón es que sentí una obligación tan grande de continuar hacia adelante que el propósito perdió el sentido de su creación.

Hay cosas que hacemos, que son simplemente por puro placer, porque nos hace felices, porque nos hace conectar con nuestro “yo” más profundo, y cuando esa conexión traspasa tu piel, la expones fuera de ti y se contamina por la manía que tenemos de marcarnos objetivos, ahí, ahí es cuando pierde el sentido.

Quiero que esto sea para fluir, no para moverme hacia ningún lugar. Ayer hice paddle surf  por primera vez, y lo que más disfruté fue un momento en el que miré al horizonte mientras el sol se ponía entre los edificios de A Coruña y dejé de remar, dejé de sentir mi respiración, el latido de mi corazón, en ese momento sólo existía el océano bajo mi tabla y esos últimos rayos de sol iluminando mi cara.

Decidí volver a publicar, porque es el momento, porque es el lugar, porque me quiero dejar llevar por la corriente de este océano en el que me adentré siendo niña, porque el sol de este “mundo” me sigue dando calor.

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