Sellos sin usar.

Todas las noches pienso en escribirte una carta con mis nuevas señas. Contarte que ahora vivo en A Coruña, que me he casado, que he conseguido el trabajo que soñaba.

Todas las tardes entro corriendo a mi portal, para ver si he recibido tu respuesta, pero abro el buzón y no tengo nada.

Me cuesta darme cuenta de que hace un poco más de año y medio que te fuiste, querida Asunción, querida madrina. He estado toda mi vida intercambiando cartas contigo, desde que mi abuela, tu mejor amiga, nos dejase también. Tomé el relevo de esa tradición y ahora que no la tengo me he quedado algo vacía. Podíamos estar un año sin vernos, pero nunca un mes sin escribirnos. En un cajón tengo los últimos sellos que compré y no he gastado. Los guardo al lado de tu esquela y de la preciosa canción vasca que cantamos en tu funeral.

Te echo de menos madrina, iluminabas mis días grises, eres la mejor persona que he conocido y conoceré en mi vida. Quiero contarte que estoy escribiendo una novela desde el mismo día que nos dejaste, va sobre ti y la abuela, sobre esa gran historia de amistad. Ojalá pudieses venir a contarme más cosas, ojalá te hubiese preguntado más cuando te tenía conmigo.

¿Las entradas de los blogs llegan al cielo? Si es así dejaré de mirar con añoranza mis sellos sin usar. Buenas noches madrina, buenas noches ángel de la guarda.

Besos y abrazos, tu ahijada que te quiere.

Atardecer sobre A Coruña

La vida se interpuso en una de sus mejores materializaciones, entonces, paré.

Lo bonito de tener algo tan personal es que no hay que pedir permiso para irte ni para volver, ¿por qué paré? La razón es que sentí una obligación tan grande de continuar hacia adelante que el propósito perdió el sentido de su creación.

Hay cosas que hacemos, que son simplemente por puro placer, porque nos hace felices, porque nos hace conectar con nuestro “yo” más profundo, y cuando esa conexión traspasa tu piel, la expones fuera de ti y se contamina por la manía que tenemos de marcarnos objetivos, ahí, ahí es cuando pierde el sentido.

Quiero que esto sea para fluir, no para moverme hacia ningún lugar. Ayer hice paddle surf  por primera vez, y lo que más disfruté fue un momento en el que miré al horizonte mientras el sol se ponía entre los edificios de A Coruña y dejé de remar, dejé de sentir mi respiración, el latido de mi corazón, en ese momento sólo existía el océano bajo mi tabla y esos últimos rayos de sol iluminando mi cara.

Decidí volver a publicar, porque es el momento, porque es el lugar, porque me quiero dejar llevar por la corriente de este océano en el que me adentré siendo niña, porque el sol de este “mundo” me sigue dando calor.

Subiendo montañas

La húmeda mañana de invierno se colaba por las endebles ventanas de la habitación. Por su boca exhalaba aire convertido en humo, como quien respira contra un congelador. Su melena estaba cubierta de escarcha y la piel de su cara estaba blanca como la de un fantasma. Sin embargo bajo tres gordas mantas ,su cuerpo perfectamente tapado e inmóvil tenía una temperatura perfecta.

Abrió los ojos siendo absoluta conocedora de dónde se encontraba y se desperezó mientras tocaba la humedad congelada en su cabello. Sacar su débil cuerpo de esas mantas le iba a suponer más esfuerzo del que pensaba. Se quedó varios minutos divisando desde la misma posición que había tomado la anterior noche la bata pelosa que colgaba en la puerta y deseaba con todas sus fuerzas que esta acudiese a ella por arte de magia.

Pero como casi siempre en esas ocasiones apareció él tras la puerta, como si le hubiese leído los pensamientos y la llevó sonriendo hasta el lecho.

Sin mediar palabra entre ellos, bajaron hacia la cocina y ella miraba el amanecer del pueblo mientras él exprimía unas jugosas naranjas. Cerró sus doloridos ojos y respiró el aroma de las tostadas y del café recién hecho. A lo lejos se escuchaban las campanas de la iglesia y a los niños charlando animadamente mientras esperaban el autobús que les llevaba al colegio.

Se sentía culpable de no coger el autobús tampoco ese día, sobre todo porque sentía que eludía su responsabilidad. Hacía ya un año desde la última vez que se subió a él para ir a la ciudad, pero desde hacía unas semanas ya no se ponía nerviosa al ver la trasera de aquel destartalado vehículo, que soltaba tanto humo negro por su tubo de escape que iba dibujando la serpenteante carretera de la sierra. Read more

Toby

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Sólo quien tiene o ha tenido perro sabe lo que se siente. Mejor dicho, sólo quien ha perdido a su mejor amigo sabe lo que se siente.

Hace poco más de siete años desde que acaricié su pelo por última vez, desde que me dio el último lametón en la mejilla. Y aún sigo recordándole casi a diario. Crecimos juntos, así que en todos y cada uno de los momentos cruciales de mi infancia y adolescencia él estuvo allí. Pero inevitablemente, recuerdo también aquella tarde en la que le subieron a una furgoneta para sacrificarle. La enfermedad no le dio más tregua.

Era mi mejor amigo, él sabía lo que iba a pasar, e igualmente me dio el último lametón demostrándome su amor. La última imagen que tengo de él es moviendo el rabo de felicidad por ir a la calle. Su afición favorita, salir a la calle y oler los culetes de otros perros, daba igual el que fuese, cualquiera que se cruzase en su camino le servía.

Recuerdo aquellas mañanas en las que le daba por desaparecer y nos tenía a todos buscándole desesperados por todo el barrio. Una de aquellas veces, todos salieron a peinar el barrio en su busca, pero yo me quedé en casa, por si aparecía por allí. Al cabo de una hora le vi aparecer en la acera de enfrente, paseando tan tranquilo, cuando un niño de mi colegio le metió una patada y se rió de mi pobre perro perdido, ahora también, herido por aquella patada. Porque no fue una patada cualquiera, le dio con saña. Desde aquel día ese niño se convirtió en mi enemigo mortal. Enemigo con sobrenombre además, pues nunca supe el verdadero y siempre será el niño que le pegó una patada con mala leche a mi pobre perro perdido y asustado. Read more

Náutico

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El sol comenzaba a caer en el horizonte, quedaba muy poco para que comenzase a desaparecer tras la fina línea que dibujaba el océano Atlántico, que esa tarde presentaba una calma más característica de un lago.

La niebla había estado presente durante todo el día, y ahora caía como una losa sobre la costa, ya apenas se vislumbraban los techos de las caravanas en el parking.

Pedí en la barra del chiringuito dos botellines de Estrella Galicia y los llevé a nuestra gran toalla, la cual pasó de secar nuestros cuerpos al sol a hacer las veces de manta. A pesar de que el tiempo no acompañaba, todos los allí presentes nos negábamos a abandonar aquella mágica cala. Read more

Juegos

Dentro de doce horas sale mi avión de vuelta a España, pensaba que no volvería hasta dentro de quince días, sin embargo,… tengo que tomar este vuelo improvisado para regresar, regresar a mi casa, pasando por Barajas-Adolfo Suárez, donde ojalá no me espere la prensa,…¿qué me va a esperar la prensa? Nadie querrá entrevistar a un perdedor, a un perdedor en primera ronda. He pisado las instalaciones esta mañana, ni si quiera pude estar presente en la ceremonia de inauguración porque hoy competía, y ahora me encuentro aquí sentado en la cama de mi habitación, mirando hacia mi maleta, la cual ni si quiera deshice ayer.

No concibo cómo sólo duró un instante aquel momento en el que sentí que formaba parte de algo tan importe…y… la pifié.

Me voy sin logros, ya no digo medallas, porque me habría conformado con al menos haber ganado algún partido, con haber rozado las estrellas una vez. Read more

Astronauta

Llevo tantos años viendo a jóvenes soñadores pasar por delante de mí. Todos ellos me han dedicado una mirada y han pensado lo mismo: ojalá yo también cumpla mi sueño tal como tú hiciste. Lo que ellos no se han parado a pensar es en que por mucho que haya quedado plasmado para la eternidad en esta noble piedra con mi traje de astronauta, puede que éste no sea realmente el sueño que yo perseguí. Un consejo me gustaría darles si mis labios no estuvieran sellados, y es que no persigan aquello en lo que les quieran retratar los demás, que no busquen ser grandes abogados, maestros o ingenieros. Que busquen, encarecidamente y hasta su último aliento, lo que realmente les haga felices. Pues vida sólo hay una, y piedras…muchas.

 

A la sombra de la catedral te espero,

¿dónde has ido, qué ha sido de ti?

Te fuiste con la maleta llena de sueños,

espero que alguno pudieras cumplir.

Alguna cana más y más carmín en tus labios,

puede que el brillo de tus ojos esté más apagado,

pero tu sonrisa falsa me desvela algo más,

sé que no has ganado al irte, dime la verdad.

Fuiste a por tu sueño, ¿qué es lo que te ha pasado?

Me dices que te confundiste, y aunque no has fracasado,

cumpliste un sueño que no era el tuyo, ya veo.

Y ahora tu maleta vacía vuelve a estar.

Pues no me queda más remedio que dejarte marchar de nuevo,

aquí me quedaré velando tu recuerdo,

espero que algún día vuelvas a mí, lo anhelo,

nunca pierdas tu sonrisa, la de verdad, me refiero.

Ve a buscar lo que te haga feliz, no te quiero ver más,

hasta que no llegues de nuevo con tu luz, no me ensombrezcas,

aquí te esperaré, en esta inmensa catedral, junto a la puerta.
Cobijado de los cielos, el astronauta que por ti vela.

 

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Declaración firmada por una inconformista saturada

Te voy a esperar aquí sentada, en este banco lleno de hojas y ramas secas,

te voy a esperar hasta que vuelvas,

solo para ver la cara que traes cuando andes el mismo camino que yo ya he andado,

quiero ver cómo caes en la cuenta de lo mal que has juzgado.

 

Porque ha llegado ese punto en mi vida en el que ya no me valen las palabras regaladas,

y todo no era más que una mentira muy bien disfrazada.

Eres ese monje que esconde oro en su manga,

ese cuento que lapida al malo sin escuchar su versión,

eres tú el que ordena y manda.

 

Esta es la historia en la que un esclavo se revela ante su amo,

en la que sólo recibe palos y latigazos.

Y mientras todos miran, nadie hace caso.

 

Soy aquella mujer que vuela a diario contra el viento,

no esperes que no luche por mis derechos cuando hago que todos los días comas pan blanco,

no esperes que me humille aceptando lo que para ti es correcto,

no esperes que acepte y calle, yo nunca estaré en tu bando.

 

Por eso te esperaré en este banco al que hace días arrastró un rÍo,

para ver qué cara traes cuando andes el mismo camino que yo ya he andado,

quiero ver cómo caes en la cuenta de lo mal que has juzgado.

 

 

Volver…

 

Ella no quiso volver, sabía que las cosas iban a ser igual pero acabó eliminando el horizonte de su objetivo y deshizo lo andado

El camino que tomó le llevó a un lugar sin indicaciones claras y prefirió dar la vuelta hacia atrás, siguiendo esas migas de pan que la prudencia le hizo ir echando.

Volvió, pero cuando llegó ya no encontró lo que dejó, en esa casa ya no había cortinas blancas ni suelos diáfanos, había hojas secas de los castaños y todo tenía un color amarillento, como el que deja el humo del tabaco cuando se ha fumado compulsivamente. Read more

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