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Bar de carretera

Bar de carretera

 

Empecemos desde el principio, que es como se hacen bien las cosas. Nací a finales de los años 90 en Madrid, mi padre era empresario y mi madre camarera. O más bien eso era lo que ellos me decían, y lo que yo le contaba a mis amigos, puedo pensar que me mintieron, aunque no es del todo cierto, porque un traficante de drogas no deja de ser un empresario y una prostituta también hace las veces de camarera.
A pesar de haber conocido estos hechos a una edad temprana, yo siempre seguí contando a mis amigos que mi padre era empresario, y que mi madre era camarera, y como alguno de ellos dijera lo contrario se las veía con mis puños a la salida del colegio. Por suerte para mí, no era el único en el colegio que tenía unos padres… especiales, y las peleas a la hora de la salida cada vez tenían diferentes luchadores. Con el paso de los años acabé teniendo más afinidad con los otros niños que tenían situaciones similares a la mía, y poco a poco nos convertimos en un grupo de amigos que intentaban imitar las actividades de sus padres. En algunos casos bajo la tutela de estos, en otros por nuestra cuenta. Si mi padre llegase a saber que comencé a vender marihuana en el colegio me habría dado tal guantazo que aún no habría despertado del coma en el que me habría inducido.
Quiero que quede constancia, señor juez, que no quiero con esta redacción meter en líos a nadie, ni que se realice ningún tipo de acusación sobre las personas a las que voy a hacer mención. Simplemente he pensado que la mejor forma de explicar mi situación actual es remontándome al principio del todo, de esta manera quizá puedan comprender por qué tuve que matarle. No pido clemencia, porque no niego que lo hice, pero si consigo hacerles comprender mis razones quizá no cataloguen mi acto como un asesinato.

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Recordando New York

Subiendo las escaleras hacia una luz que ilumina la noche. Después de un viaje muy largo sobrevolando el océano atlántico, esperas tanto el momento de poner los pies en el suelo que cuando por fin los tienes, no lo crees. Caminando por el subterráneo, oyendo el idioma que hablan en las películas, sintiendo el miedo de ser robado en un tren; no lo crees hasta que a paso lento subes unas escaleras con las maletas llenas y tu vista va alcanzado el umbral del suelo, y al superar el último escalón tu mirada descubre, sin que sea a través de una pantalla, la ciudad más maravillosa que existe en este mundo.

Sí, por fin, Nueva York, mis pies están en el asfalto, mis ojos miran hacia arriba sin encontrar el fin de la obra humana, mis pulmones respiran un aire diferente, llegué. Read more

¿Te has enterado de…

-No te vas a creer lo que me ha contado Manoli hoy en la frutería.

Concha cruzó los brazos y movió la cabeza de arriba a abajo con gesto despectivo mientras miraba a su marido.

-Que la hija de Francisca, la del kiosco,  ha dejado a su marido, que le ha dejado por una mujer.- Se aproximó un metro más al sofá donde él estaba hipnotizado por la televisión

-Antonio, que estás atontado, ¿me quieres mirar?

-Coño Concha que estoy viendo las motos, luego me lo cuentas cojone, siempre con tus historias, a mí qué me importa la vida de los demás, ya tengo bastante con la mía, cagoenmismuertos, que siempre igual, déjame.- Volvió a mirar la televisión y ella se marchó a la cocina. Read more

Zapatos de colores

Existen miles de direcciones que tomar, ninguno sabemos por qué finalmente escogimos una, creemos que es el destino quien nos da señales para tomarla, pero definitivamente lo usamos como excusa para justificar nuestros actos.

“Las cosas me salieron mal porque no tomé el camino correcto”, o bien, “las cosas me salieron bien porque escogí ese camino en el momento preciso”. Justificamos y nos conformamos, no buscamos más allá…

En situaciones similares cada uno actúa de una forma diferente, pero al final todos nos guiamos por las mismas pautas, necesitamos obtener un resultado, un premio.

Trabajamos duro porque queremos un puesto mejor, enamoramos a una persona porque la queremos a nuestro lado, aprendemos a cocinar porque queremos dejar de comer pizzas preparadas.

El problema de buscar un deseo es que lo queremos instantáneo, si tenemos que esperar la recompensa nos parece menos atractiva. En especial cuando la vida se nos hace frágil y rápida.

Es curioso cómo los días no tienen la misma duración a la edad de 5 años que a los 25. el tiempo pasa más deprisa dicen. No, de pequeños, nuestros días duraban más porque teníamos mil aventuras, en un día podías salvar la humanidad, dar la vuelta al mundo y haber tenido todos los trabajos posibles; ahora, cuando nos queremos dar cuenta el día toca a su fin sin haber hecho nada relevante, y digo nada porque, la mayoría de los días nos prohibimos soñar despiertos y aventurarnos en un mundo de fantasía,…¿quién decidió que  eso se tenía que perder?

Cuando somos adolescentes no vemos la hora de tener responsabilidades, hacernos adultos; cuando somos adultos sólo queremos volver a hacer pellas en el instituto. El problema es que cuando somos adultos y queremos volver al pasado no obtenemos un resultado, nos frustramos y de eso empieza a surgir la nostalgia y las historias que comienzan con la frase “ cuando yo era joven…”

Pasamos nuestras vidas llenándolas de logros de los que alardear. Creo que lo importante no es tener mil premios, sino grandes experiencias. La vida no tiene que cambiar a los 25, puede seguir siendo la misma; no hay que meterse en unos zapatos serios todos los días para obtener una imagen adulta, realmente ningún adulto quiere serlo, ojalá todos llevásemos zapatos de colores y nuestras conversaciones las llenaran sueños o incluso pudiéramos volver a jugar como de pequeños, seríamos más felices y nos entenderíamos mejor.

Somos unos animales que buscamos alimentarnos y reproducirnos, pero mientras todo eso ocurre; nuestra mente tiene la capacidad de imaginar, de pensar, de ver más allá; debería ser nuestro deber utilizarla, ya que si seguimos ablandándola, puede que nos abandone por cese de negocio y se marche a otra especie que lo sepa aprovechar mejor.

Lo natural es bueno, sigue jugando y soñando, por ello estamos aquí.

 

 

zapatos de colores

Recordando la presentación de “El desván”

Hoy es un día muy especial porque significa un principio y un final al mismo tiempo. Es el final del proceso creativo y el principio del sueño.

No todas las aventuras empiezan y acaban en el mismo día. Si hubiese decidido hacer parapente ayer, ya se me habría pasado la emoción y la adrenalina.

Sin embargo decidí realizar una aventura a largo plazo, que fue escribir y publicar una novela. Estoy pasando por mil y una emociones, todas juntas y revueltas al mismo tiempo, tengo ansiedad y miedo pero también alegría y ganas. A veces me arrepiento de que algo tan íntimo, como son mis palabras, las pueda leer cualquier persona, otros momentos quiero gritar al mundo entero lo que les ha pasado a aquellos personajes, y desvelar capítulo a capítulo esa historia.

Anoche pensé que las echaba de menos, a mis protagonistas sí, quizá dejé sus vidas a medio contar, y las tengo a ciegas entre la portada y la contraportada sin vivir algún momento más.

Debí dejar que todas ellas tuvieran más momentos de felicidad, también debí dejar que se les rompiese más el corazón, pues son esas dos cosas las que más siente una persona, pero inevitablemente no se puede, porque una novela igual que la vida, avanza.

Así que he decidido que me gusta haber saltado al vacío, porque así estoy viviendo un gran momento y si al final se me rompe el corazón con esto, al menos no viviré encerrada entre dos hojas acartonadas donde rece la inscripción: mi vida.

 

 

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Presentación de “El desván”

Ya tenemos todo preparado para la presentación y la correspondiente firma de libros de mi primera novela “El desván”.

Tendrá lugar el 11 de Septiembre a las 21.00 h en el Teatro Antonio Gamoneda, sito en Villamayor (Salamanca). Allí mismo podréis adquirir vuestros ejemplares, los cuales estaré deseando dedicaros.

¡Allí os espero!

 

Presentación "El desván"