06/08/2016 Lorena

Juegos

Dentro de doce horas sale mi avión de vuelta a España, pensaba que no volvería hasta dentro de quince días, sin embargo,… tengo que tomar este vuelo improvisado para regresar, regresar a mi casa, pasando por Barajas-Adolfo Suárez, donde ojalá no me espere la prensa,…¿qué me va a esperar la prensa? Nadie querrá entrevistar a un perdedor, a un perdedor en primera ronda. He pisado las instalaciones esta mañana, ni si quiera pude estar presente en la ceremonia de inauguración porque hoy competía, y ahora me encuentro aquí sentado en la cama de mi habitación, mirando hacia mi maleta, la cual ni si quiera deshice ayer.

No concibo cómo sólo duró un instante aquel momento en el que sentí que formaba parte de algo tan importe…y… la pifié.

Me voy sin logros, ya no digo medallas, porque me habría conformado con al menos haber ganado algún partido, con haber rozado las estrellas una vez.

Me voy como vine, qué va, incluso con menos de lo que traje, me he dejado las esperanzas y sueños tirados en la pista. Creo que ya no quiero competir más, estoy destrozado.

-Ey tio, ven conmigo, vamos a despedirte como Dios manda, no pongas más esa cara de pasa.- Un chico enorme de la selección de baloncesto entró sin llamar y me arrastró hacia la sala común.

-No quiero de verdad, no tengo buen ánimo,  por favor déjame solo, quiero,…- hice una pausa para mirar a mi alrededor, había más de cincuenta deportistas de diferentes países mirándome y comenzaron a aplaudir- estar solo.- Finalicé la frase que ya tenía en mis labios antes de haber quedado completamente asombrado con aquella visión. Mis compañeros, mis rivales, mis amigos,.. aquellos otros que también habían perdido y que también habían ganado, habían tomado parte de su tiempo para despedirse de mi. Yo, que no era nadie, que ni si quiera había rozado las estrellas, que mi tiempo en los juegos había sido mínimo. Estaban allí por mi.

El atleta que me había arrastrado hasta aquella sala me miró y me dijo al oído antes de empujarme hacia la gente: ve feliz a casa, disfruta con los tuyos y siéntete orgulloso, porque no has perdido chaval, has ganado. Todos los años de preparación te han llevado a disputar unos juegos olímpicos. Créeme. Has ganado, porque no hay mejor recompensa que el haberlo intentado.

Mientras mi avión sobrevolaba la noche madrileña no dejaba de pensar en las finales de baloncesto contra Estados Unidos en los juegos de Pekín y Londres. España perdió, él perdió, sin embargo GANARON. Sí, yo también he ganado, yo también he llegado, ahora a por Tokio 2020.

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